viernes, 8 de junio de 2012

Un homenaje a Preciado...de mi amigo José Carrascosa


MI HOMENAJE A MANOLO PRECIADO
Conocí a Manolo en su etapa como entrenador levantinista. Me lo presentó su antiguo colaborador, Raúl Ruiz. Comimos un buen arroz en la playa de la Malvarrosa. Me sorprendió su personalidad arrolladora, un tipo muy inteligente, humilde, mucho más preparado que cómo él trataba de mostrase. Desde entonces hablábamos muy de vez en cuando. La última vez que hablé con él fue para pedirle el favor de que colaborase en mi último libro, exponiendo sus reflexiones en torno a la dirección del equipo. Siempre generoso lo hizo con el respeto y la prudencia de una persona inteligente formado sobre todo a través de la experiencia. Me habló también de su manera de entender la vida, agradecido y entusiasta a pesar de cómo ésta le había venido golpeando. Este es mi homenaje a su persona y su memoria.


BUSCO QUE MIS EQUIPOS TENGAN “ALMA”. (MANOLO PRECIADOEntrenador)

Busco que mis equipos tengan su personalidad, sean muy dinámicos, que tengan “alma”. En los equipos que dirijo es algo que pretendo lograr consensuándolo con el grupo. Si lo conseguimos, más que una virtud mía, es mérito de ellos. La actitud mental, el compromiso… todos los aspectos psicológicos tienen una importancia vital, no pueden quedar en mera palabrería y han de ser un hecho. Atendiendo al perfil de equipos que he tenido la suerte de dirigir, que no se corresponde con plantillas poderosas, para poder competir con equipos de mayor potencial un arma muy importante es buscar entre todos una solidaridad enorme dentro del grupo y dotar al equipo de ese alma colectiva, muy por encima de los egos individuales, poniéndonos todos al servicio de una realidad común, como es el equipo.

Me suelo entregar en cuerpo y alma a mi gente con la que trabajo. No voy a un club de hoy para mañana. Me suelo informar bien de cómo es, qué filosofía tiene y de todo lo que le rodea. Entonces veo el proyecto que me presenta. Firmo el contrato y a partir de ahí me olvido de todo y trabajo como un loco, tratando de que los demás hagan lo mismo.

Mi modelo de  dirección es de pactos más que de varita. Me gusta consensuar con mi gente, mis colaboradores y mis futbolistas, las pautas a seguir en el equipo. Intento que todos tengamos claro nuestro papel y a partir de ahí cada uno debe trabajar a piñón partido por lo mismo, por lo que nos une. Mis equipos se basan en el corazón y en algo más porque eso solo no basta, hay mucho más. Me gusta que mis equipos estén muy trabajados. No está reñida una cosa con otra. En nuestro caso, el Sporting, si queremos competir en primera división hemos de tener claras las pautas a seguir, y éstas son desde conocernos, querernos y saber dónde podemos llegar hasta conocer cómo respira nuestro adversario de cada domingo. Es muy importante todo ello. Debemos atar todos los factores que podamos y que nos ayudan a ser mejor equipo. No nos iría bien si no fuera así. Es lo que intentamos. Unas veces lo conseguimos y otras no.

Considero muy importante que el futbolista se sienta querido, se sienta valorado, que mire a los ojos a su entrenador y sienta que lo valora, que es bueno, realmente bueno, y  que puede competir en la categoría en la que estamos. En nuestra primera temporada en la máxima categoría solo había tres o cuatro jugadores que tenían experiencia en primera división. Tuvimos un arranque nefasto y luego remontamos a base de cosas extra.

Trato de ser muy exigente pero a la vez muy generoso con mis futbolistas. Para recibir algo de la gente que trabaja contigo y que le estás estrujando lo primero que tienes que hacer es darle y ofrecerle. Lo contrario es una maldad. El futbolista ha de ver en ti por lo menos lo que tú le pides a él, eso es compromiso, amistad, conocimientos de sus problemas diarios al margen del futbol… Como si fuera una familia proyectada. No hay que olvidar que los profesionales de un equipo pasamos muchas horas juntos. Posiblemente yo comparta más tiempo con mis futbolistas que con mi hijo. Cuanto mayor conocimiento tenga de ellos, cuanto mayor cariño perciban de mí y de mis colaboradores más fácil va a ser sacarles el mayor rendimiento. Es verdad que no todas las personas son iguales y te  responden de la misma manera, pero aquellos que son sensatos rápidamente perciben que intentamos ayudarles siendo justos. Por lo menos lo intentamos.

Los entrenadores somos en cierta medida educadores. Al igual que veo un comportamiento en mi hijo que no me gusta y me voy hacia él para hacérselo saber también me dirijo en ocasiones al futbolista y trato de reconducirle una conducta que no considero adecuada para él o para el equipo. La mejor manera de ayudar a alguien que convive y trabaja conmigo y le exijo el máximo es que vea por mi parte implicación, compromiso, una intención honesta de ayudarle. Cuando el futbolista percibe cariño responde, no tengo ninguna duda.

El futbolista, yo lo he sido y lo sé por experiencia, tiende a cierta comodidad y agradece que le aprietes un poco las bielas para que reaccione. Pero también es un personaje tremendamente agradecido. Cuando les pides y les exiges algo que puedan realizar aunque sea muy difícil, ellos se van a esforzar a buen seguro. Pero si perciben en su entrenador dudas, pasotismo o que valora más al rival entonces acaban dispersándose y no creyendo. Cuando van percibiendo que todo se hace en base a un trabajo y a una actitud mental van pensando como individuos pero al servicio de un todo, que es el equipo. Es lo que más cuesta, lo más dificultoso para el entrenador. Los clubes se equivocan incentivando el ego individual, dando premios por goles y cosas de esas. En mis grupos es algo que suelo tener controlado y trato de que no se produzca.

Nunca voy a darle un palo públicamente a uno de mis futbolistas. Puede ser que alguna vez, debido a un calentón que luego hace que me arrepienta, haya aparecido en la rueda de prensa posterior al partido y haya desbarrado o vertido alguna crítica hacia el trabajo del equipo pero nunca personalizo sobre un jugador concreto. Espero que jamás lo haga. Pero luego llega el lunes y entre esas cuatro parece que forma el vestuario sí les digo las cosas muy claras y les señalo mirándoles a los ojos aquello  que no me haya gustado. No hablo de errores individuales sino de cuestiones de conceptos, de cosas del trabajo, de la profesión… ahí sí que voy derecho al corazón, ahí no me tiembla el pulso. Soy de cambiar muy pocas veces el tono de voz pero cuando lo cambio sí que se enteran, te aseguro de que se enteran.

Me gusta ser muy respetuoso con los compañeros de profesión. De hecho me siento un entrenador querido por mis colegas. El episodio reciente no se corresponde con mi forma de proceder ni mi trayectoria. Tengo mucho respeto hacia la profesión y siento cariño por la práctica totalidad de mis colegas. Ha sido una chinita en el camino que espero y deseo que no vuelva a suceder. Me ha sorprendido la cantidad de muestras de apoyo que he recibido de forma pública, pero sobretodo a nivel personal. En este mundo que vivimos no es muy normal que la gente se moje. Les estoy muy agradecido a mis compañeros que me hayan aportado su apoyo moral.

En los dos últimos equipos a los que he entrenado, Levante y Sporting, se ha establecido una sintonía total del equipo con la afición. No es fácil, no siempre se consigue. En mi tierra, sin ir más lejos, no fui capaz de conseguirlo. Es verdad que el entrenador debe tratar de proyectar su liderazgo más allá del vestuario pero, insisto, no siempre se logra. Es muy interesante este reto. Tanto en el Levante como en el Sporting, al llegar me encontré un ambiente frío entre la afición y el equipo. En el primer partido de liga con el Levante había dos mil y pico personas en el Ciudad de Valencia, en un derbi contra el Elche. Yo pensé que algo no iba bien, así no íbamos a ningún sitio. Cuando quieres alcanzar algo importante has de ser capaz de involucrar al entorno en la mayor medida posible. No significa venderles humo o engañarles.

Algo similar me pasó al llegar al Sporting. Gijón es una ciudad futbolera como uno no se puede imaginar. Cuando llegamos había siete mil socios, ahora hay veintitantos mil. Después de entrenar al Racing en primera división llegué a un club en ley concursal con muchas dificultades, en segunda división y con un entorno lleno de pesimismo. Acepté la propuesta, tras rechazar alguna otra más importante a nivel económico, porque me encantó el proyecto, había un equipo juvenil que había sido campeón… Lo primero que me planteé fue tratar de eliminar el pesimismo del entorno y no sé cómo pero el mensaje fue calando. Estuvimos dos temporadas en segunda división pasándolo muy mal y la gente empezó a venir y a venir, a estar junto al equipo, y no te digo que nos ascendiera la gente porque sería exagerado pero casi fue así. Dirigir a un equipo es algo más que dirigir a un grupo humano de veinticinco a treinta personas. En Gijón fue más fácil porque el Sporting es como una familia, está dirigido por un grupo reducido de personas muy cualificadas y con mucho valor personal, lo que hace que te impliques y trates de ayudar tú mismo. Esto es difícil de encontrar.

El fútbol ha cambiado muchísimo. De cuando yo jugaba a ahora es una realidad diferente, hasta parecer dos deportes distintos que se juegan con la misma pelota. Antes era imposible encontrar una dirección de equipo al estilo Pep Guardiola o Unai Émery… Ahora todo es mucho más profesional que cuando yo le daba patadas al balón.

Mi vitalismo y mi energía no sé muy bien de dónde la saco. En mi vida me he llevado dos palos enormes. Perdí a mi hijo con catorce años y no sé todavía cómo reaccioné. Fue durísimo, no se lo doy a pasar a nadie. Reaccioné bien pero no sé porqué, no sé los motivos. Posiblemente uno de ellos fue mi hijo el mayor. Cuando dormía a mi lado le miraba y me decía no puedes abandonar Manolo, te necesita, no le puedes fallar. Otra razón por la que quizás reaccioné bien fue salir muy rápido de mi ciudad, irme a entrenar y meterme en la dinámica de trabajo diario. Es verdad que me reconozco como una persona muy vitalista y luchadora por naturaleza. Lo de mi hijo vino después del fallecimiento de mi mujer tras convivir con una enfermedad larga, penosa, brutal… Mi mujer y yo convivimos con su enfermedad durante mucho tiempo y no tuvimos un momento de bajón, siendo ella la que me ayudó con su entereza, su fuerza y su vitalismo. Desde luego también soy un afortunado porque me siento muy arropado, tengo mucha gente que está pendiente de mí y trata de apoyarme. Ante esos sucesos vitales tan duros la respuesta es muy personal y cada uno afronta a su manera. Aunque parezca extraño guardo buenos recuerdos, todas las experiencias te forman como persona, te van dejando unas marcas o cicatrices mero tu vida irremediablemente sigue, y sigue cada día que amanece.

Aprendes cada día, si no es que eres un necio. Vivimos poco rato en esta vida. Así que hay que aprovechar y vivirla con toda la intensidad, con la mayor honradez y de la mejor manera posible.

A los entrenadores jóvenes que empiezan les diría que crean en sí mismos, que tengan seguridad en ellos mismos. Eso es vital. En mi caso me propuse unas metas y con más o menos dificultad las he ido alcanzando. Hay que tener mucha fuerza, mucha seguridad, creer mucho en uno mismo… si no tienes esa fuerza no vas a ningún lado. Puedes estar muy preparado, leer muchos libros, ver muchos vídeos, pero ¡amigo! el movimiento se demuestra andando y para caminar has de creer que puedes hacerlo. Has de tener un convencimiento total en que vas a llegar por lo menos hasta donde te has propuesto. Esa es la clave. Cuando llegas la recompensa en forma de satisfacción es infinita.

CARRASCOSA, J. Trabajar y competir en equipo. El método sabercompetir. Netibiblo. Págs 225 a 228

Manolo Preciado ha sido más que un entrenador de fútbol, una persona repleta de valores, tremendamente carismática, un referente, un líder… Pocos entrenadores han sido capaces de generar una inercia colectiva más allá del propio equipo, contagiando su ilusión y carisma a toda una afición. Lo logró en el Rácing, en el Levante UD, y sobre todo en el Sporting de Gijón. Era exigente y cariñoso con sus futbolistas, a veces como un padre otras como un amigo. Era muy buena gente. ¡¡Abrazos Manolo!!

Foto: republica.com

José Carrascosa (Psicólogo del Deporte / Director de www.sabercompetir.com)

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