martes, 10 de septiembre de 2013

Un artículo muy bueno de calificación de riesgo de empresas...os lo recomiendo.

Apreciados, os dejo este artículo que está francamente muy bien, es del confidencial.com de Hector G.Barnes:

Cómo se obtiene una AAA: una antropóloga en las agencias de calificación

Cuando hablamos de las agencias de calificación solemos pensar en datos, estadísticas, números y más números representados en tablas, gráficas y cuadros estadísticos que intentan valorar de manera objetiva el riesgo de impago y deterioro de solvencia de productos financieros, empresas o entidades públicas. Por ello mismo, parecen formar parte de un sistema fundamentado en la ciencia y la razón, donde la metodología nos permite anticipar, en mayor o menor grado, el futuro. Sin embargo, se trata de una concepción que deja fuera de la ecuación el factor humano, que es precisamente lo que la antropóloga social de la University of LondonAlexandra Ourousoff ha analizado en su ambicioso último trabajo, Triple A. Una anthropologue dans les agences de notation (Belin), tras pasar seis años investigando a los analistas de Moodys, Fitch o Standard & Poor’s.
El sistema económico no está formado más que por seres humanos, y las decisiones están tomadas por estos”, explica la autora a El Confidencial. “Esa es la misión de los antropólogos, averiguar lo que hay dentro de su cabeza”. ¿Y qué es? En algunos casos, una profesionalidad y competitividad que tienen como objetivo la preservación del statu quo económico; en otros, “cómo la gente se siente identificada con los valores dominantes, incluso cuando saben que son incorrectos”. Algunos de los analistas que aparecen en el libro incluso temen por el colapso del sistema y piensan en sacar todo el dinero del banco y dejarlo todo para irse el campo. Un miedo que, según Ouroussoff, es también irracional. “El sistema entero no puede derrumbarse, porque el sistema bancario está ligado al del conjunto de la economía”, señala la autora respecto a los efectos de la crisis. 
La fiabilidad del sistema
En realidad, señala Ourousoff, las agencias de calificación se comportan de manera muy diferente a lo que la mayor parte de la población considera que es su comportamiento. “Cuando presento un estudio me doy cuenta de que lo más difícil es hacer entender a la gente que analizar datos es sólo parte de la actividad de las agencias, ya que están entrenados para pensar que es lo único que hacen. Pero las agencias también cambian el entorno para hacer las predicciones más sencillas”. Las agencias establecen unos criterios que, al obligar a las empresas a seguirlos, alteran su propia actividad económica.
Las empresas calificadas con triple A controlan grandes sectores de sus mercados“Las agencias de calificación no trabajan en un sistema puramente estadístico, y es algo que no es de conocimiento público. Si miramos a las compañías que emiten los bonos y hacen las titularizaciones, los ejecutivos viven bajo una enorme presión para conseguir unas notas altas de calificación, porque cuando más bajo es el coste del capital, más bajo es el coste de hacer negocio. Así que hay un gran incentivo entre ejecutivos de todas las industrias para cumplir con los criterios o fingir que lo hacen”.
“Al pasar tanto tiempo dentro de las agencias de calificación, pude ver que en ese criterio hay una muy poderosa asociación entre los bajos niveles de riesgo y la capacidad de la compañía para controlar sus mercados. En otras palabras, el criterio de las agencias de calificación es completamente inconsistente con los principios de competencia del mercado”, explica Ouroussoff. “Si miras a las empresas calificadas con una AAA, y no hay demasiadas, todas ellas controlan grandes sectores del mercado, ya sean de electrónica o de automóviles, como Exxon Mobil o Johnson & Johnson. Imagina qué beneficios pueden tener. La función es canalizar capital barato a las compañías más grandes del mundo y servir sus ansias de expansión. Desde este punto de vista, la predictibilidad creciente no depende de los modelos, sino de la habilidad del capital de consolidar el control de los mercados y reducir o eliminar competición”.  
Ouroussoff recuerda que la teoría clásica del capitalismo señalaba que la incertidumbre era parte inherente del emprendimiento y que la consecución de los beneficios estaba ligada a la adopción la toma de una serie de riesgos. Sin embargo, intentar controlar estos niveles ha dado lugar a un cambio de valores en el mismo centro del capitalismo, que refuerza la posición de las empresas de mayor tamaño. “Estrictamente, así es, los nuevos valores contradicen lo que pensamos que es el emprendimiento”. La autora explica de qué maneras las grandes empresas escapan a la determinación de las agencias de calificación que, por grande que sea su influencia, “no detienen la actividad emprendedora”.
“La primera es que las grandes corporaciones tienen los recursos necesarios para ocultar sus actividades de más riesgo o las que menos gustan a las agencias de calificación a través de otras empresas. No hay que confundir eso con lo que ocurrió con Enron, porque no es corrupción. No están tergiversando las ganancias ante sus accionistas, sino que invierten en proyectos que en los años ochenta habrían sido considerados como completamente válido”, indica Ourousoff. “Otra importante fuente de actividad empresarial son las startups, que las grandes compañías vigilan de manera muy estrecha. Las permiten desarrollarse hasta cierto punto, y si ven dan beneficios, simplemente las compran. Probablemente las que más sufren son las compañías de medio tamaño, ya que no tienen los recursos de las grandes para mentir a las agencias de calificación”.
Otro de los mitos es el que señala que las agencias atienden únicamente a criterios objetivos y matemáticos. De esa manera, el modelo sería cada vez más perfecto, prácticamente infalible; pero no es así. “Si trabajas en un marco únicamente estadístico, por ejemplo analizado variaciones del mercado, la información probablemente mejorará el modelo y te servirá para aislar tendencias, pero no servirá para prever los cambios en las tendencias. Todas las predicciones tienen sus límites”, explica Ouroussoff.
La evaluación del riesgo
Uno de los problemas que identifica Oroussoff es que, debido a que se presenta como un sistema relativamente infalible, no deja ningún espacio a la posibilidad de que se produzca un error externo a él. Es decir, en la terminología de George Lakoff, no hay nada más allá del marco (racional) impuesto por las agencias de calificación. “No hay ninguna presión para preguntase por los límites, puesto que los líderes económicos están alcanzando las profecías que persiguen. Recientemente los beneficios de las empresas americanas han alcanzado su máximo histórico, así que desde que descubrieron que controlaban el tesoro de Estados Unidos y que no había nada que temer, no hay ningún incentivo para cuestionar ese marco de referencia. Desde el punto de vista de la industria económica internacional, la crisis consolidó la sujeción de la economía”.
En ello tiene una gran influencia la dinámica de la especulación financiera, que no produce bienes o servicios. “Los valores asociados a los préstamos de dinero son completamente extraños a los valores del sistema capitalista, perodominan la actividad de todas las empresas que producen todo lo que usamos, como el escritorio en el que estoy sentada”.
Mucha gente en el sistema que ve claramente las contradicciones, no se engaña, pero tampoco hace nada“La crisis financiera pareció confirmar que el ‘beneficio del riesgo’, grandes beneficios a bajo riesgo, era una ilusión, con el ejemplo de las hipotecas subprime o los MBS (mortgage-backed security)”, explica Ourousoff. “Pero el fallo de ese modelo no debe considerarse como la economía completa”. Para la autora, el descrédito actual del sistema financiero nos lleva a realizar generalizaciones en muchos casos erróneas. “No todas las emisiones de bonos y titulizaciones estaban basados en malos cálculos, sino que hubo muchas compañías durante la crisis que siguieron produciendo grandes beneficios a bajo riesgo. Ahora todo el mundo está tan histérico con los bancos que olvidan que no son toda la economía, algo que me sorprende”.  
Para Ourousoff, la clave está en el manejo de los mercados y la concentración en unas pocas empresas de la mayor parte del negocio. “Estas compañías tan grandes orientadas de vocación internacional simplemente controlan sus mercados. Y de acuerdo con la teoría económica clásica, cuanta menos competencia, menores son los riesgos y más puedes controlar los precios”, sintetiza la antropóloga. “Desde el punto de vista de estas compañías, incluso en el peor momento de la crisis, el sistema nunca estuvo en riesgo”.
La banalidad del analista de mercado
El comportamiento de algunos de los trabajadores que se encontró Ouroussoff es muy similar a aquel que, en un contexto muy diferente (el Holocausto judío),Hanna Arendt calificase como “la banalidad del mal”, y que se refiere a la maldad intrínseca al sistema, no al individuo. “Mucha gente en el sistema que ve claramente las contradicciones, no se engaña, pero tampoco hace nada, porque está siendo coaccionada para llevar a cabo esas decisiones”.
Los tipos de Standard & Poor’s cogen un avión, llegan al Palace de Madrid y se reúnen con todos los que quieren reunirse para decirles lo que tienen que hacerOuroussoff considera que la culpabilización de los engranajes del sistema “a estas alturas no va a conseguir nada”, sobre todo en cuanto que el sistema se protege a sí mismo culpabilizando de los fallos al hombre. “Ninguna institución tiene el poder de cambiar la dinámica actual. Incluso aunque todos los analistas de Standard & Poor’s y todos los ejecutivos corruptos manifestasen su asco, nada cambiaría. Mientras el sistema siga produciendo beneficios, no hay ningún incentivo para decir que está roto”.
Por eso, las voces que se levantan contra el sistema, como la de Greg Smithde Goldman Sachs son muy contadas y, si lo hacen, deben estar dispuestas a afrontar el final de su carrera. “La gente que está profundamente preocupada por los efectos del nuevo capitalismo es irrelevante. Y la gente que trabaja en esas instituciones no puede hacer nada porque perderían sus trabajos. Hablé con alguien de Goldman Sachs durante la crisis y él decía ‘todo el mundo sabe que el sistema no funciona’ y yo le respondí ‘¿por qué no dicen nada?’ Dijo que porque si alguien plantease dicha cuestión, los managersdirían que no estás pensando en tu trabajo”.
Algo que ocurre de manera semejante con las agencias de calificación de Estados y organismos públicos. “La gente no se da cuenta de que los legisladores están bajo una tremenda presión para cumplir con los criterios de las agencias para garantizar la estabilidad y el crecimiento. Las agencias ejercen presión pero cuando un país va increíblemente mal, como es el caso de España, no los tienen en cuenta”, señala Ouroussoff. “No sé si la gente en España sabe eso, pero esos tipos de Standard & Poor’s cogen un avión, llegan al Palace de Madrid y se reúnen con todos los que quieren reunirse mientras los directivos se aterrorizan, porque tienen pánico a que el capital internacional se marche”.
No puedes competir con las empresas americanas, porque comen con las agencias de calificación cada díaPara Ouroussoff, las agencias, debido a su impacto en inversiones –tanto en la compra de deuda como en la inversión extranjera–, son “una fantástica herramienta de manipulación”. En algunos casos, “para forzar privatizaciones, bajar sueldos o hacer descender el precio de las empresas locales con el objetivo de que las grandes compañías de Estados Unidos lleguen y las compren”.
En conclusión, señala Ouroussoff, quizá su mayor descubrimiento fuese reconocer la gran distancia que separa lo que realmente ocurre en el ámbito económico y cómo esto es presentado para el consumo público. “Es muy difícil percibir qué es lo que realmente está ocurriendo. Si miras a las compañías que manejan el ámbito internacional, no te sorprenderá ver que la mayoría son americanas. Y la mayor parte de agencias de crédito son americanas porquelas corporaciones quieren a su propia gente evaluándolos, no quieren a los chinos. No puedes competir con ellos, porque se relacionan entre sí, comen juntos, son amigos”.
¿Los más perjudicados? Entre otras, las clases medias, que “probablemente estén condenadas. Creo que las clases medias nunca llegarán a tener el nivel de bienestar que han gozado durante las décadas posteriores a la guerra. Se acabó”. 

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